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LA BASÍLICA

LA Basílica Pontificia de San Miguel, en la calle san Susto de Madrid se asienta en un edificio, de estilo barroco, proyectado por Santiago Bonavía (o Giacomo Bonavia, 1700–1760) y construido de 1739 a 1745. La planta de este templo se basa en el juego de estructuras centrales en concatenación sobre un plano que despierta un estado de inestabilidad, promovida por la tensión cóncava-convexa de las superficies.

La actual basílica, Monumento Nacional por Real Decreto 28 de noviembre de 1984, se eleva sobre el solar de la antigua parroquia de los santos Justo y Pastor, cuya fundación se sitúa en fechas que podemos considerar muy remotas tratándose de Madrid.

La parroquia figura entre las diez collaciones que cita el Fuero que otorgó a Madrid el rey Alfonso VIII, nieto de quien conquistó la población a los musulmanes, Alfonso VI.

El fuero se fue concretando entre 1158 y 1202 y se refiere a esta parroquia en cuarto lugar, como Sancto Justo, después de las de Santa María, San Andrés y San Pedro. En cuanto a de San Miguel, que daría su nombre a San Justo pasando los siglos, figura en el fuero de 1202 como Sancto Michaele, a diferencia de otra iglesia también dedicada a San Miguel que se denomina de Sagra.

De la iglesia de San Justo sabemos documentalmente que fue objeto de reformas y mejoras en su decoración en el siglo XVI, manteniendo el protagonismo que le correspondía como parroquia del Madrid más antiguo. Así lo testimonian sus libros parroquiales.

Fueron enterrados en esta parroquia el padre de Quevedo, así como sus abuelos maternos y un hermano y en los libros parroquiales se encuentran las partidas de defunción de Alonso de Ercilla; del padre de Miguel de Cervantes, Rodrigo; de Francisco López de Zárate; de miembros de la familia López de Hoyos; de Jerónimo y Francisco de la Quintana o del doctor Godínez.

En 1738 se derribó la vieja iglesia, perdiéndose sin duda un edificio de gran interés histórico.

La nueva iglesia es consecuencia de tales descubrimientos y de la sensibilidad más avanzada en su momento, que anuncia un cambio hacia la contención y la disciplina del lenguaje clásico.

La iglesia pasó a llamarse de San Miguel, Santos Justo y Pastor cuando, como se ha dicho, se fusionó con la parroquia la que estaba dedicada a San Miguel y ocupaba el solar del actual mercado de ese nombre. Su incendio en 1790 y su saqueo durante la invasión francesa obligaron a ese traslado.

De esta iglesia de San Miguel se trasladaron a San Justo, junto con la feligresía, algunas de las obras de arte que contuvo, como la figura del Arcángel o el tabernáculo de bronce y piedras semipreciosas regalado por el cardenal Zapata y realizado en Roma. También costumbres como la procesión con la imagen de san Miguel que se guardaba en el oratorio de las Casas Consistoriales el día de su fiesta, que se mantuvo hasta 1834, ya en San Justo. En 1643 el Ayuntamiento había hecho voto solemne de acudir a esa fiesta.

Más tarde, por haberse derribado en 1885 la iglesia y hospital de los italianos en la carrera de San Jerónimo, antigua institución que desde el siglo XVI pertenecía a la colonia italiana de Madrid, se cedió como compensación el templo a la Nunciatura Apostólica en 1892.

Previamente, en 1891, se habían trasladado las dos antiguas parroquias, pasando la de San Justo a monasterio de las Maravillas de la calle la Palma y la de San Miguel al barrio del puente de Toledo.

Para entonces, por haberse creado la Diócesis de Madrid Alcalá, desgajada de la de Toledo en 1885, el palacio construido por el infante D. Luis junto a San Justo, fue convertido en residencia de los nuevos obispos de Madrid.

El templo, ya de la Nunciatura, fue regido por los PP. Redentoristas y quedó bajo la advocación de San Miguel, que permanece hasta hoy.

En 1930, el nuncio monseñor Tedeschini concedió a la iglesia el título de Basílica menor. En noviembre de 1959 fue encomendada al Opus Dei la atención pastoral, siendo Nuncio Apostólico Mons. Hildebrando Antoniutti.

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LA NUNCIATURA APOSTÓLICA

La Nunciatura Apostólica es una misión diplomática de máximo rango de la Santa Sede ante los Estados con los que mantiene relaciones diplomáticas. Al frente de la Nunciatura de la Santa Sede se halla un Nuncio, es decir, un embajador papal -ordinariamente Arzobispo- que representa al Santo Padre ante las autoridades civiles y entre los obispos de las diócesis que componen el país. Desde el año 2009, el Nuncio Apostólico en España es el Excmo. y Revmo. Mons. Renzo Fratini, Arzobispo Titular de Botriana.

Las Nunciaturas obtuvieron su forma definitiva en cuanto a su competencia y organización interna, durante el papado de Gregorio XIII (1572-1585). Más esbozos o concreciones de dicha realidad se fueron configurando a finales del s. XV, contemporáneas a las primeras relaciones diplomáticas permanentes entre los distintos Estados.

Al principio la figura del Representante Pontificio permanente iba ligada a la del Colector, una especie de recaudador in loco de los bienes de la Cámara Apostólica. Puede admitirse como primer Nuncio permanente en España a Francisco Desprats, que ejerció su cargo de 1492 a 1503.

El Nuncio Desprats acompañó a los Reyes Católicos en sus constantes desplazamientos, papel que trascendía considerablemente al del mencionado Colector, y se convirtió en único mediador junto al Embajador de España ante la Santa Sede, de todos los asuntos de cariz político y diplomático entre el Papa y los monarcas españoles.

Aunque el sucesor propuesto por la Santa Sede en 1504, Cosimo Pazzi, Obispo de Arezzo, no fue aceptado por los Reyes Católicos, el carácter permanente de la institución se confirma con el nombramiento de Giovanni Ruffo dei Theodoli, Obispo de Bertinoro, en 1506, el cual ejercerá sus funciones de Representante Pontificio hasta 1520. A partir de esta fecha, la lista de los Nuncios procede ininterrumpidamente hasta nuestros días.

Desde el principio, queda claro que su competencia no se limitaba al ámbito de las relaciones diplomáticas bilaterales, sino que también desempeñaban una importante misión de acompañamiento a las Iglesias locales, las cuales miraban al Sumo Pontífice como cabeza visible de la Iglesia. Este doble aspecto de su misión hace posible, que en cuestiones puntuales y con la delegación específica, puedan intervenir con autoridad pontificia en dichos asuntos.

Consecuencia de este mayor protagonismo del Nuncio en la vida de la Iglesia local, es que dicho oficio, que anteriormente había sido concedido a laicos como Pimentel y Castiglione, pasa a ser desempeñado únicamente por eclesiásticos por mandato del Papa Pablo IV (1555-1559).

Fruto de esa especificidad de la doble misión del Nuncio, es que muy pronto su persona será requerida, a petición de las Cortes y de los Reyes, para juzgar las causas eclesiásticas en segunda instancia (Tribunal de Apelación). Tal ejercicio, no exento de polémicas y conflictos con la autoridad eclesiástica ordinaria, quedó regulado en el concordato de 1753, y en concreto, con la creación del Tribunal de la Rota española (Tribunal de la Rota de la Nunciatura Apostólica de Madrid), todavía en activo y en beneficio de la Iglesia católica en España.

Desde 1892 la Nunciatura Apostólica administra en nombre de la Santa Sede la Basílica Pontificia de San Miguel y designa a los sacerdotes que se hacen cargo de la atención de los fieles, dentro de la pastoral de la archidiócesis de Madrid. Que una Nunciatura tenga una iglesia abierta al culto es un caso único en el mundo. El Nuncio apostólico, desde 1994, ha acompañado siempre la procesión de los Estudiantes.

EL OBISPADO

La diócesis de Madrid, con el nombre de diócesis de Madrid-Alcalá, fue creada el 7 de marzo de 1885, siendo pontífice León XIII, sobre territorios pertenecientes a la archidiócesis de Toledo. Desde más de tres siglos antes, Madrid era capital de España, pero los arzobispos de Toledo, primados de España, se oponían a la creación de la diócesis, quizá temerosos de perder su influencia en la Corte.

El 25 de marzo de 1964 la diócesis fue elevada al rango de archidiócesis. El 23 de julio de 1991, la archidiócesis cede parte de su territorio para la erección de las diócesis de Alcalá de Henares y de Getafe y adquirió el rango de archidiócesis metropolitana.

El 15 de junio de 1993 el papa Juan Pablo II consagró la catedral de Madrid, cuya primera piedra había puesto el rey Alfonso XII el 4 de abril de 1883.

El 28 de agosto de 2014 se hizo pública la designación por el Papa Francisco de Monseñor Carlos Osoro como Arzobispo Metropolitano de Madrid.

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EL EJÉRCITO

¿Quién no guarda en su memoria la imagen de una escuadra de gastadores escoltando la Sagrada Imagen de Cristo muerto, con sus armas “a la funerala” (bocas hacia abajo) acompañados de cajas destempladas, en señal de luto, o a las unidades de música acompañando a la Santísima Virgen en su pena? ¿Quién no se emociona al ver como nuestro ejército da escolta al Santísimo Sacramento en la festividad del Corpus Cristi? ¿Quién no ha llorado y ha sentido como le costaba tragar saliva al asistir a una procesión de la Virgen del Carmen, en la que nuestros marinos escoltan a su patrona y entonan la Salve Marinera en su honor?

¿Quién de nosotros no siente como se le erizan todos los pelos del cuerpo y se le llenan los ojos de lágrimas, al oír los acordes del Himno Nacional, interpretados por la Unidad de Música del Regimiento de Infantería Inmemorial del Rey Nº 1, cuando María Santísima Inmaculada Madre de la Iglesia hace su salida de la Basílica Pontificia de San Miguel el Domingo de Ramos, o cuando se recoge, caída ya la noche, tras completar su recorrido por las calles de Madrid para hacer testimonio público de fe, acompañada en todo momento por este grupo de magníficos maestros y músicos que no cesan de interpretar marchas procesionales de magnífica creación?

Pero la ayuda y colaboración de nuestro ejército, no se circunscribe a esto. La relación de la Hermandad con el ejército, concretada en algunos aspectos con el Inmemorial, es mucho mayor. Es una relación de hermandad de todos y cada uno de los miembros del Cuartel General del Ejército y del Inmemorial, que no nace de la supuesta obligación emanada del hermanamiento entre nuestra Hermandad y el Regimiento, Hermano de Honor de aquella, sino que nace del cariño.

Cariño demostrado por todos y cada uno de los Coroneles Jefes del Regimiento y por los jefes, oficiales, suboficiales y tropa, que siempre nos han ayudado en todo lo que les hemos pedido. Así cuando nos vimos sin tener un sitio en el que cobijar el paso de caoba del Santísimo Cristo de la Fe y el Perdón, nos brindaron sus dependencias para poder guardarlo; y de igual manera, cuando nos encontramos con que no disponíamos de sitio para poder guardar el manto de la Santísima Virgen de forma que no se estropease con pliegues y dobleces, no sólo nos ofrecieron sus instalaciones, sino que nos proporcionaron una estructura en la que el manto estuviese estirado todo el año, para que luciese perfecto en cada salida procesional. Cariño de los directores de la Unidad de Música y de todos los maestros y músicos que la integran que han llegado a cuajar verdadera complicidad con la Hermandad, en especial con los Hermanos Mayores y los capataces del paso de palio, en la confección de la música del concierto anual o de la que acompañará a la salida de la Virgen.

Ese cariño hacia la Hermandad tiene su réplica en el que nosotros sentimos por nuestro ejército y por el Regimiento de Infantería Inmemorial del Rey. Cariño por lo que representa, por la defensa de la Patria, por su historia, por su bien hacer, cariño hacia todos y cada uno de sus integrantes, en los que se representa a todo nuestro Ejército.

Este cariño se pone de manifiesto cada año cuando miembros, familiares y amigos de la Hermandad acuden al acto solemne de jura de Bandera que se celebra en el Regimiento, participando en él, bien renovando el juramento que muchos hicimos cuando cumplimos con nuestro servicio militar, o bien realizándolo ex novo, en el caso de las mujeres y de los hombres que ya no hacen este servicio; cuando se acude a los actos de celebración de la Inmaculada Concepción patrona del Arma de Infantería; cuando se acude a la bendición del Belén que cada Navidad se instala en los jardines del Palacio de Buenavista; y cuando se acude a la toma de posesión de cada nuevo coronel y a la despedida de quien ya se ha convertido en un amigo y en un hermano.